Cuadro eléctrico doméstico con el interruptor de control de potencia y varios electrodomésticos encendidos a la vez, ilustración editorial sobre por qué salta la luz en 2026

— Guía · Tarifas · Potencia 18 min de lectura

Por qué se va la luz al enchufar varios aparatos a la vez.

Pones el horno, arranca la lavadora, alguien enciende el secador de pelo y, de golpe, toda la casa se queda a oscuras. No es una avería: es el interruptor de control de potencia (ICP) haciendo su trabajo. Esta guía explica por qué salta, qué aparatos lo disparan al coincidir, cuánta potencia te conviene contratar de verdad, cómo rearmarlo en el contador telegestionado y cómo subirla —o bajarla— sin pagar de más.

Corta a los 2–3 segundos de superar tu potencia · cada kW cuesta ~28,43 €/año antes de impuestos · subir potencia: ~46 €/kW

Integrado en el contador telegestionado · ahora en tramos de 0,1 kW · 2.0TD

1. Qué es el ICP y por qué te corta la luz

El interruptor de control de potencia, que casi todo el mundo conoce por sus siglas ICP, es el dispositivo que vigila que no consumas más electricidad de la que tienes contratada. Lo instala y lo controla tu distribuidora —la dueña del cable—, no la comercializadora que te factura. Su misión es sencilla y terminante: si la potencia que pides en un instante supera la contratada durante más de dos o tres segundos, te deja sin luz.

Conviene quitarle el dramatismo. El ICP no es una avería ni daña nada: es una pieza de control y protección. Corta de forma limpia, igual que un apagón, y se rearma en segundos. Si saltara con cualquier pico instantáneo —el arranque del motor de la lavadora, por ejemplo— sería un incordio, así que está pensado para tolerar esas puntas brevísimas y actuar solo cuando el exceso se mantiene. Por eso, cuando salta, casi siempre es porque de verdad tenías demasiadas cosas funcionando a la vez.

Su existencia no es un capricho de la compañía: la potencia que cada vivienda puede demandar a la vez tiene que estar acotada para que la red de tu barrio —el transformador, los cables de la calle— no se sature. Tú pagas por reservar una porción de esa capacidad (el término de potencia), y el ICP es el árbitro que comprueba que no te pasas de lo reservado. Es, en el fondo, lo que permite que la electricidad funcione como un servicio compartido y previsible.

2. Por qué salta: la suma de potencias simultáneas

Aquí está la idea que lo explica todo, y la que más cuesta interiorizar: al ICP no le importa cuánta luz gastas al día, sino cuánta pides a la vez. Son dos cosas distintas. El gasto del mes se mide en kilovatios hora (kWh) y es lo que llena la factura; la potencia se mide en kilovatios (kW) y es la velocidad a la que consumes en un momento dado. Puedes tener un consumo mensual bajísimo y aun así hacer saltar el ICP si un martes a las nueve de la noche enciendes tres aparatos potentes al mismo tiempo.

La cuenta que hace el contador es una simple suma. Cada aparato encendido pide una potencia en vatios (W); 1.000 vatios son 1 kW. Si tu contrato es de 4,6 kW, tu techo instantáneo son 4.600 W. Mientras la suma de todo lo que está funcionando se quede por debajo, no pasa nada. En cuanto la rebasas y te mantienes ahí unos segundos, corte. Por eso el truco no está en usar menos aparatos, sino en no amontonarlos en el mismo minuto.

Hay un matiz técnico que conviene conocer porque desmonta un mito: los aparatos con motor —la lavadora, la nevera, una bomba de calor— tienen un pico de arranque que dura una fracción de segundo y puede multiplicar por dos o por tres su consumo nominal. El ICP no salta por esos picos cortísimos; está calibrado para ignorarlos y reaccionar solo ante un exceso sostenido. Así que si te corta, no busques el culpable en el arranque puntual de la nevera, sino en lo que llevaba ya unos segundos consumiendo a pleno: el horno, la vitro, el termo o el secador.

3. Cuánto consume cada electrodoméstico

Estas son las potencias orientativas de los aparatos domésticos cuando funcionan a pleno rendimiento. Los de la franja roja son los que disparan el ICP en cuanto coinciden dos o tres; los verdes apenas suman. Son valores de referencia —cada modelo trae la suya en la etiqueta o en el manual—, pero sirven para hacerte una idea muy fiable de qué combinaciones son peligrosas.

Potencia instantánea orientativa por aparato
Electrodoméstico Potencia en marcha
Frigorífico 150–300 W
Televisor u ordenador 50–300 W
Iluminación LED (toda la casa) 50–150 W
Microondas 900–1.500 W
Aire acondicionado (un split) 900–1.500 W
Plancha 1.000–2.000 W
Vitrocerámica (una zona) 1.200–2.000 W
Termo eléctrico (acumulador) 1.500–2.000 W
Secador de pelo 1.800–2.200 W
Lavavajillas (calentando) 1.500–2.200 W
Lavadora (calentando) 2.000–2.200 W
Horno eléctrico 2.000–2.400 W
Secadora 2.000–2.500 W
Placa de inducción (una zona) 2.000–3.000 W
Wallbox de coche eléctrico 3.700–7.400 W
Valores orientativos de potencia nominal en funcionamiento; varían según modelo y estado de carga. Elaboración propia a partir de consumos residenciales del IDAE y de las etiquetas energéticas de los fabricantes.

Fíjate en un detalle que suele pasar inadvertido: hay un consumo de fondo que está siempre ahí. El frigorífico, el router, la caldera, los aparatos en espera y la iluminación encendida suman con facilidad 200–400 W antes de que enciendas nada a propósito. Ese colchón se come una parte de tu potencia contratada de forma permanente, así que cuando calcules cuánto te queda libre para el horno y la lavadora, réstalo primero.

La otra lección de la tabla es que el verdadero peligro está en el calor por resistencia. Generar calor con electricidad es lo que más potencia exige: por eso el horno, la vitrocerámica, el termo, la secadora, la plancha y el secador de pelo se llevan siempre la franja roja, mientras que la electrónica de bajo consumo (televisor, ordenador, router, luces LED) apenas mueve la aguja. Si memorizas qué aparatos calientan, ya sabes cuáles no debes solapar.

4. Los combos que lo disparan

Con la tabla en la mano, los cortes dejan de ser un misterio. Estos son los tres escenarios que provocan la mayoría de los saltos de ICP en un hogar con 4,6 kW contratados (4.600 W de techo):

  • Cocina a tope. Horno (2.200 W) + dos zonas de inducción (2 × 2.000 W) + microondas (1.200 W) = 7.400 W. Salta sin remedio: solo con el horno y la inducción ya te pasas.
  • Tarde de coladas. Lavadora calentando (2.100 W) + secadora (2.300 W) + termo eléctrico (1.800 W) = 6.200 W. Las tres calientan agua o aire por resistencia, que es lo que más potencia chupa.
  • La gota que colma. Vitrocerámica con dos zonas (3.000 W) + lavavajillas (2.000 W) y, encima, alguien que enciende el secador de pelo (2.000 W) = 7.000 W. El secador es, una y otra vez, el aparato que provoca el corte final.

La lectura es clara: cualquiera de esos tres combos sobrepasa con holgura los 4,6 kW contratados, y por eso saltan. Si te acostumbras a no solapar dos aparatos de calor a la vez, un contrato de 4,6 kW aguanta el día a día de un piso normal sin un solo corte. El problema no es la potencia que tienes, sino el minuto en que lo amontonas todo.

5. Cuánta potencia contratar

Durante décadas la potencia solo se podía contratar en unos escalones normalizados, porque cada valor se correspondía con la intensidad que cortaba un ICP físico. En un suministro monofásico a 230 voltios —el de prácticamente todos los pisos— esos escalones salen de multiplicar la tensión por la intensidad del interruptor, de modo que iban de 15 en 15 o de 20 en 20 amperios. Esta tabla sigue siendo la mejor referencia para situarte, porque resume qué potencia encaja con cada tipo de vivienda:

Potencias de referencia · suministro monofásico (230 V)
Potencia Intensidad ICP Encaja en
3,45 kW 15 A Estudio o piso pequeño con cocina de gas
4,6 kW 20 A Piso medio (80–100 m²) con vitrocerámica
5,75 kW 25 A Casa familiar: vitro, horno y lavadora a la vez
6,9 kW 30 A Vivienda grande con aire acondicionado
8,05 kW 35 A Chalé con climatización eléctrica
9,2 kW 40 A Chalé con aerotermia o bomba de calor potente
11,5 kW 50 A Aerotermia más recarga de coche eléctrico
14,49 kW 63 A Máximo monofásico; por encima, suministro trifásico
La potencia se obtiene como 230 V × intensidad ÷ 1.000. Por encima de 14,49 kW el suministro monofásico no llega y hay que pasar a trifásico.

Ahora bien, hay una novedad importante que cambia la forma de elegir: ya no estás atado a esos escalones. Como la función de control de potencia vive en el contador telegestionado y se aplica de forma electrónica, la Resolución de la CNMC de 2 de febrero de 2024 permite contratar la potencia en tramos de 0,1 kW. Si con 4,6 kW se te queda corto pero saltar a 5,75 kW es excesivo, puedes pedir 5,0 o 5,1 kW y pagar solo por lo que de verdad necesitas. La tabla de arriba deja de ser una jaula y pasa a ser un punto de partida.

El criterio para elegir es el contrario al que mucha gente aplica por miedo a los cortes. No se trata de contratar con holgura «por si acaso», porque cada kilovatio cuesta dinero los doce meses lo uses o no. Se trata de contratar el mínimo que te evite saltos en tus momentos de mayor uso simultáneo. Si tienes 5,75 kW y el ICP no ha saltado nunca en un año, casi seguro estás pagando capacidad de más y podrías bajar. La forma de salir de dudas con datos es mirar tu curva de consumo en la app de la distribuidora y afinar el cálculo con la guía de la potencia contratada, que incluye calculadora.

6. Cuánto cuesta cada kW al año

Entender lo que cuesta la potencia es lo que te ayuda a no pasarte. En la factura, el término de potencia es una cuota fija que pagas por cada kW contratado, lo gastes o no, todos los días del mes. Se descompone en dos precios regulados por la CNMC para 2026: un término de punta de 27,70 €/kW al año y un término de valle de 0,73 €/kW al año. Sumados, cada kW que reservas cuesta unos 28,43 € al año antes de impuestos.

28,43 €/kW

Lo que cuesta al año cada kW de potencia contratada (2.0TD, 2026, sin impuestos)

27,70 € punta + 0,73 € valle

Resolución CNMC 18-dic-2025 (BOE-A-2025-26348) + Orden TED/1524/2025

Pongámoslo en euros concretos. Un contrato de 4,6 kW paga al año unos 130,78 € de término de potencia antes de impuestos; uno de 5,75 kW, unos 163,47 €. La diferencia entre ambos —algo más de 32,69 € al año— es exactamente lo que te ahorras si consigues quedarte en el escalón más bajo. Con impuesto eléctrico (el 5,11 % del artículo 99 de la Ley 38/1992) y el IVA del 21 % por encima, cada kW acaba rondando los 35 € anuales en la factura final.

Por eso la potencia es un equilibrio fino: pasarte «por si acaso» te cuesta dinero fijo cada mes, pero quedarte corto te condena a saltos constantes. La gracia de poder contratar en tramos de 0,1 kW es justamente afinar ese punto. Si quieres ver cómo encaja el término de potencia con el resto de tu factura, lo desglosamos en la guía de la tarifa 2.0TD.

7. ICP físico o integrado en el contador telegestionado

Si abres tu cuadro eléctrico buscando el ICP, puede que lo encuentres o puede que no, y las dos cosas son normales. Durante décadas el ICP fue un interruptor físico independiente, alojado en su propia caja precintada junto al cuadro, distinto del interruptor general y de los magnetotérmicos. Quien tenga una instalación antigua todavía lo ve ahí, y para rearmarlo hay que subir su palanca a mano.

Con el despliegue masivo de los contadores telegestionados esa pieza desapareció del cuadro: la función de control de potencia quedó integrada en el propio contador, que la distribuidora gestiona en remoto a través de la red de telegestión. La ventaja para ti es doble. Por un lado, ya no hace falta una visita técnica para cambiar la potencia: se reconfigura a distancia en cuestión de horas. Por otro, el rearme tras un corte es muchísimo más cómodo, porque el contador puede restablecer el suministro solo a los pocos minutos o permitirte hacerlo desde la app de la comercializadora, sin bajar al cuadro ni llamar a nadie.

El alquiler del contador que pagas cada mes, alrededor de un euro, ya incluye esta función de control de potencia; no es un cargo aparte. Y un detalle práctico: como el contador es electrónico, su tolerancia es la misma para todos —corta cuando el exceso se mantiene unos segundos—, sin la variabilidad mecánica que tenían los viejos ICP de bimetal, que a veces saltaban antes o después según la temperatura ambiente.

8. Cómo subir o bajar la potencia y cuándo conviene

El trámite siempre se inicia con tu comercializadora —la empresa que te factura—, que se lo traslada a la distribuidora. No tienes que llamar a la distribuidora ni recibir a nadie en casa: con contador telegestionado, el cambio se aplica por reconfiguración remota. Lo que cambia mucho es el coste según vayas hacia arriba o hacia abajo:

  • Subir potencia tiene un coste único regulado e igual para todas las compañías: los derechos de extensión (unos 17,37 €/kW), los derechos de acceso (unos 19,70 €/kW) y un derecho de enganche fijo de unos 9 €. En total rondan los 46 € por cada kW que subas, más IVA. Pasar de 4,6 a 5,75 kW, por ejemplo, sale por unos 50–60 €. Estos derechos de acometida siguen regulados por el RD 1955/2000, cuyos derechos de potencia continúan plenamente vigentes.
  • Bajar potencia es prácticamente gratis —a lo sumo el pequeño derecho de enganche— y se ejecuta por reconfiguración remota en uno a tres días. La única limitación es que solo puedes bajar una vez cada doce meses: si te equivocas y te quedas corto, tendrás que subir (pagando) y esperar un año para volver a bajar.

¿Y cuándo conviene subir de verdad? La regla práctica es esta: si el ICP te salta más de una vez al mes a pesar de haber intentado repartir el consumo, y los cortes te ocurren en momentos que no puedes mover (la hora de cocinar para toda la familia, por ejemplo), entonces compensa subir. Si en cambio el corte ha sido un episodio aislado y evitable, casi siempre sale más a cuenta cambiar el hábito que pagar potencia extra todo el año. Un caso típico que sí justifica subir es instalar un cargador de coche eléctrico: un wallbox de 7,4 kW por sí solo ya se come un contrato de 4,6 kW, así que ahí toca replantear la potencia (o programar el wallbox para que cargue de noche y limite su intensidad en las horas de más consumo).

Un aviso para quien quiera subir bastante de golpe: si la nueva potencia supera la que figura en tu boletín eléctrico (el CIE, el certificado de la instalación), la distribuidora puede exigirte uno nuevo emitido por un instalador habilitado, lo que añade entre 60 y 150 € al coste. Por eso, antes de dispararte a 9,2 kW, conviene comprobar hasta dónde llega tu instalación.

9. Qué hacer cuando te salta, paso a paso

Si acaba de saltarte y quieres resolverlo sin que se repita esta noche, este es el orden que funciona:

  1. Rearma el suministro para recuperar la luz. Cuando salta, lo primero es volver a tener corriente. Si tu ICP es el modelo físico del cuadro, sube su interruptor (suele ir junto al diferencial y los magnetotérmicos, a menudo precintado). Si la función está integrada en el contador telegestionado —lo habitual hoy—, el suministro se rearma solo a los pocos minutos, o puedes pedir el rearme desde la app de la distribuidora sin moverte de casa. Antes de rearmar, apaga o desenchufa alguno de los aparatos potentes que tenías en marcha, o volverá a saltar enseguida.
  2. Identifica qué aparatos coincidieron. El corte casi nunca es aleatorio: piensa qué se juntó justo antes. El patrón típico es cocinar (vitrocerámica u horno) mientras arranca la lavadora o la secadora, o usar el secador de pelo con el termo y la vitro encendidos. La clave es que importa el consumo simultáneo, no el de todo el día: a tu ICP solo le preocupa lo que pides en ese instante.
  3. Suma las potencias de lo que estaba encendido. Con la tabla de esta guía, suma en vatios lo que tenías funcionando a la vez y compáralo con tu potencia contratada (4.600 W si tienes 4,6 kW; 5.750 W si tienes 5,75 kW). Si la suma supera ese número, el ICP cumple su función y corta. Recuerda que el frigorífico, los routers y los pequeños aparatos en espera ya consumen una base de 200–400 W que también cuenta.
  4. Decide: desplazar el consumo o subir la potencia. Si el corte fue puntual y por una coincidencia evitable, la solución gratis es separar en el tiempo los aparatos potentes: poner la lavadora cuando no cocinas, no secarte el pelo mientras está el horno. Si te ocurre a menudo y no puedes reorganizarte, entonces sí compensa subir la potencia contratada.
  5. Ajusta la potencia contratada si el corte es recurrente. El cambio se solicita a tu comercializadora, no a la distribuidora. Subir tiene un coste único regulado de unos 46 € por kW más IVA; bajar es prácticamente gratis, pero solo puede hacerse una vez cada doce meses. Antes de decidir, mira tu curva de consumo en la app de la distribuidora: si el ICP no ha saltado nunca en un año, probablemente pagas potencia de más y podrías bajar.

10. Siete hábitos para que no vuelva a saltar

Casi todos los saltos de ICP se evitan sin gastar un euro, simplemente cambiando el orden en que enciendes las cosas. Estos siete hábitos cubren la inmensa mayoría de los casos:

  • No solapes dos aparatos de calor. Horno, vitro, termo, secadora, plancha y secador de pelo son los pesos pesados; con que evites tener dos a tope a la vez, ya ganas la mitad de la batalla.
  • Programa lavadora, lavavajillas y secadora de noche. Además de no coincidir con la cocina, el periodo valle es mucho más barato, así que matas dos pájaros de un tiro.
  • Deja el termo eléctrico para la madrugada. Si calienta el agua de 0 a 8h, estará caliente por la mañana y nunca competirá con el horno o la vitro de la cena.
  • Reduce la potencia del horno cuando cocines en vitro. Muchos hornos permiten funciones de menor consumo; úsalas si vas a tener la placa a tope al mismo tiempo.
  • Carga el coche eléctrico en valle y con potencia limitada. Un wallbox programable puede bajar su intensidad cuando detecta mucho consumo en casa, de modo que nunca empuja el total por encima del límite.
  • Avisa antes del secador de pelo. Es el detonante clásico: si alguien lo enciende mientras está el horno y la vitro, salta seguro. Coordínalo con la cocina.
  • Revisa tu curva de consumo en la app. Las distribuidoras y comercializadoras grandes muestran la potencia máxima que has alcanzado cada día. Si nunca te acercas al límite, puedes bajar potencia; si lo rozas a diario, valora subir un tramo.

Si aplicas estos hábitos y aun así el ICP sigue saltando, ya no es cuestión de organización sino de dimensionamiento: tu vida cotidiana necesita más potencia de la que tienes y toca subir. Pero llega a esa conclusión después de intentar repartir el consumo, no antes, porque cada kW de más es dinero fijo todos los meses.

11. ICP, magnetotérmico y diferencial: no son lo mismo

En el cuadro conviven tres protecciones que la gente confunde, y saber cuál ha saltado te ahorra llamadas y sustos. El ICP mira la potencia total de la casa y la limita a lo contratado: cuando salta, te quedas sin luz en toda la vivienda. El magnetotérmico protege cada circuito por separado (la cocina, los enchufes, la lavadora) frente a cortocircuitos y sobrecargas; si salta, normalmente solo se va una parte de la casa. Y el diferencial vigila las fugas de corriente a tierra para protegerte a ti de una descarga.

Regla práctica para diagnosticar en caliente: si se va toda la casa justo al usar muchos aparatos a la vez, sospecha del ICP (y reparte el consumo antes de rearmar). Si se va solo una zona —por ejemplo, salta cuando enchufas un aparato concreto o al usar la lavadora—, busca el magnetotérmico de ese circuito. Y si el corte va acompañado de un electrodoméstico que «da calambre», ha humedecido una toma o ha entrado agua, lo que ha actuado es el diferencial protegiéndote, y ahí conviene un electricista, no subir potencia.

— Preguntas frecuentes

Lo que más se pregunta sobre el ICP

¿Por qué salta la luz cuando enchufo varios aparatos a la vez?
Porque la suma de la potencia que piden todos los aparatos encendidos en ese instante supera la potencia que tienes contratada. El interruptor de control de potencia (ICP) vigila ese consumo instantáneo y, si lo superas durante más de dos o tres segundos, corta el suministro para limitarte a lo contratado. No importa cuánto gastes a lo largo del día: solo cuenta lo que pides a la vez.
¿El ICP daña los electrodomésticos al cortar la luz?
No. El ICP es precisamente un dispositivo de control y protección: corta de forma limpia, igual que cuando se va la luz en un apagón, y no causa picos ni sobretensiones. Lo único recomendable es apagar los aparatos sensibles (ordenador, placa de inducción) antes de rearmar, por la misma prudencia que aplicarías tras cualquier corte.
¿Cuánta potencia debo contratar para que no me salte?
La mayoría de pisos de 80–110 m² funcionan bien con 4,6 kW. Si sueles tener vitrocerámica, horno, lavadora y secadora coincidiendo, 5,75 kW evita sustos. Los chalés con aire acondicionado central, aerotermia o recarga de coche se mueven en 6,9–9,2 kW. El criterio no es contratar de sobra, sino contratar el mínimo que evite que el ICP salte en tus momentos de mayor uso simultáneo, porque cada kW cuesta unos 28 € al año antes de impuestos aunque no lo uses.
¿Cuánto cuesta subir la potencia contratada?
Subir tiene un coste único regulado e igual para todas las comercializadoras: suma los derechos de extensión (unos 17,37 €/kW), los derechos de acceso (unos 19,70 €/kW) y un derecho de enganche fijo de unos 9 €. En la práctica, pasar de 4,6 a 5,75 kW supone alrededor de 50–60 € más IVA, que aparecerán en tu siguiente factura. Si la nueva potencia supera lo que figura en tu boletín eléctrico (CIE), la distribuidora puede pedir uno nuevo, con un coste añadido.
¿Puedo contratar potencia en escalones de 0,1 kW?
Sí. Desde la Resolución de la CNMC de 2 de febrero de 2024 podemos elegir la potencia en tramos de 0,1 kW, y no solo en los antiguos escalones del ICP físico (3,45 · 4,6 · 5,75 kW…). El contador telegestionado limita de forma electrónica, así que ya no dependes de la intensidad de un interruptor mecánico. Eso permite afinar: si con 4,6 kW se te queda corto pero 5,75 kW es demasiado, puedes contratar 5,0 o 5,1 kW y pagar solo por lo que necesitas.
¿Dónde está el ICP, en el cuadro o en el contador?
Depende de la antigüedad de tu instalación. Hasta la implantación de los contadores telegestionados, el ICP era un interruptor físico independiente en el cuadro de tu casa, normalmente precintado. En los suministros con contador inteligente —la inmensa mayoría— la función está integrada en el propio contador, y la distribuidora puede activarla, configurarla o rearmarla a distancia. El alquiler del contador (alrededor de 1 €/mes) ya incluye esa función.
¿Es lo mismo el ICP que el magnetotérmico o el diferencial?
No, son tres protecciones distintas. El ICP vigila la potencia total del suministro y la limita a lo contratado. El magnetotérmico protege cada circuito de la casa frente a cortocircuitos y sobrecargas locales. El diferencial detecta fugas de corriente a tierra para proteger a las personas. Si lo que salta corta toda la casa por usar muchos aparatos, casi siempre es el ICP; si salta solo una parte, suele ser un magnetotérmico.

— Fuentes

  • Gobierno de España — RD 1955/2000, regulación de transporte, distribución y suministro, y derechos de acometida y cambios de potencia contratada (derechos de potencia vigentes).
  • Gobierno de España — Orden ITC/3860/2007, plan de sustitución de contadores e integración del control de potencia en el equipo de medida telegestionado.
  • CNMC — Resolución de 18 de diciembre de 2025 sobre peajes de la tarifa 2.0TD para 2026, base del término de potencia.
  • CNMC — Resolución de 2 de febrero de 2024 que habilita la contratación de potencia en tramos de 0,1 kW (BOE-A-2024-2188).
  • IDAE — consumos del sector residencial, referencia de potencias y consumos de los equipamientos del hogar.